Futuro
Cómo cambia el software cuando las personas guían a las máquinas, y adónde quiere llegar Kodnia.
Escribir código ya no es el límite
Durante décadas, hacer un programa ha sido sobre todo escribirlo: línea tras línea, a mano, durante meses. El coste de ese trabajo decidía qué productos podían existir y cuáles no.
Hoy los modelos de inteligencia artificial escriben código, lo prueban y lo corrigen a una velocidad que ningún grupo de personas puede seguir. Escribir ha dejado de ser el cuello de botella.
A las personas les queda lo que importa
Una máquina no sabe qué necesita un negocio de playa en pleno agosto, ni quien prepara los turnos de un almacén. Entender el problema, elegir qué construir y qué dejar fuera, darse cuenta de que algo funciona pero está mal: eso sigue siendo trabajo humano.
Y sigue siendo humana la responsabilidad. Detrás de cada producto de Kodnia hay una persona que ha leído, probado y aprobado, y que responde de él.
Productos para oficios que nadie atendía
Cuando construir cuesta menos, tiene sentido hacer software para necesidades concretas: un oficio, un tipo de empresa, un solo problema. Productos que antes no merecía la pena empezar, porque el mercado era demasiado pequeño para pagar un departamento entero.
Ahí queremos estar: muchos productos especializados, cada uno bien hecho para quien lo usa, en lugar de un programa enorme que lo hace todo a medias.
Adónde quiere llegar Kodnia
Queremos seguir siendo un equipo pequeño y muy competente, y que crezca el número de productos, no el de mesas. Cada producto nuevo aprovecha lo que aprendimos construyendo los anteriores.
Queremos que la automatización llegue hasta el final: no solo escribir el código, sino probarlo, publicarlo y mantenerlo en orden, con una persona que revisa cada paso que importa.
Y queremos que siga estando claro quién decide. Las máquinas son una herramienta formidable; el rumbo lo marca quien conoce el trabajo.
Las máquinas trabajan. Las personas guían.